sábado, 24 de enero de 2015

Noches

     El viento fresco chocaba con su cara, helaba sus mejillas, su nariz, agrietaba sus labios. Nunca llevaba guantes, le gustaba sentir la yema de sus dedos como pequeños bloques de hielo. De vez en cuando su cuerpo se estremecia...
     Encima de su cuerpo se encontraba un cielo negro y estrellado, con la luna tan llena y tan grande que le hacía sombra a sus paso,  siguiéndole constantemente. Muchas veces sintió que le observaba entonces se detenía y la miraba, le susurraba que era hermosa, que nunca le dejara. Sentía verdadero amor hacia ella. Y la amaba aún más en noches como esas, donde el frío no cesa, las lágrimas se hacen hielo y los ojos rojos e hinchados a su reflejo se ven hermosos. 
     Noches como esas donde el olvido le consumía, el recuerdo se paseaba libremente como si tuviese una daga y fuese cortando todo a su alrededor. Dolía, sangraba y ahogaba, pero lamentablemente, pensaba, no mataba.