Estaba tan enrredada en conversaciones interesantes, tan enamorada de su voz, tan perfectamente feliz.
Y de repente, un miedo atróz, irracional, me invadió el alma. Miedo a perderla, a que se aleje, a que me olvide, a que me deje.
Miedo a que ya no sea mi musa de amor, sino la del olvido, la que lastima y quema y desgarra la piel.
Miedo a tener que obligarme a olvidarla, a dejar de pensarla y soñarla, tanto miedo a que deje de ser mía, a que ya no pueda amarla, a que el vacío de su marcha me deje sin aliento.
"Y me sumí en un sueño profundo, presa de mis pesadillas, sin sus brazos para salvarme."
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