Y siento que quizá ya no tenga que sentir,
congelar mi corazón, dejarlo morir,
ser presa de la razón,
olvidar el amor, dejarla ir.
¿Cuanto dolor puede soportar el corazón?
Lo escucho sollozar, casi escondido, avergonzado,
dolido, rechazado,
espantado, tan lastimado.
Sentí mi alma vibrar, nada era así porque si
aquella noche después del cigarrillo,
sumida en mi locura,
me dispuse al amarla con tanta pasión y desenfreno,
todavía siento su sexo en mi sexo.
Y sonreía y no había cosa más hermosa,
sus manos pequeñas entrelazadas con las mías,
¡Cuanto amor me daba!
Y ahora, ahogada en su olvido,
me pregunto,
¿En que momento deje de ser su vida?
No hay comentarios:
Publicar un comentario