razón absurda dominada por ese músculo bombeante que no descansa nunca.
He empezado a interpretar mis crueles caídas como vuelos incesantes, en medio de tormentas y vientos huracanados.
Entonces ya no caigo, vuelo entre tormentas buscando cual gaviota, el cielo azul y un sol radiante abrasador. Cual abeja descendiendo pasándose en aquella flor madura radiante, hermosa llena de vida, buscando alimento.
No siento dolor, me siento como aquella mariposa con un ala herida, saltando en cualquier copa de árbol con flor, incesante.
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