martes, 28 de enero de 2014

   Tardé veinte segundos en convencerme de que eras un instante perfecto.
No necesité mas tiempo, ni mas hechos, ni mas palabra, no necesité mas nada, veinte segundos bastaron para entender que jamás podría volver a vivir ese momento ni siquiera en mi mente, tan determinado, con todos sus detalles. Veinte segundos que fueron eternos donde toqué con la yema de los dedos el cielo, donde no quise ni pude cerrar los ojos, donde solo sonreí a modo de respuesta, donde perdí todo norte posible, donde olvidé que quizá había mas gente, donde imaginé tenerte.

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