miércoles, 5 de febrero de 2014

Había un vez..

    - La ventena que daba hacia la calle era lo bastante grande como para parecer una terraza. Me quedé con la taza de café mirando hacia afuera dando caladas tranquilas y delicadas a aquel cigarrillo del cual aún puedo recordar cada movimiendo del humo, cada parte consumida mezclándose con aquel aroma a café fuerte y amargo y me hacía estar en otra órbita. El cielo estaba tan celeste, radiante, perfecto.
 Con los pies fríos y con las manos sueves de la noche anterior miré en dirección a la cama y pude enamorarme de cada parte de su cuerpo, de cada detalle de su pelo totalmente alborotado envolviendo la almohada y que hacía unas horas me había envuelto a mi. 
 Sonreí y pude ver como su piel brillaba por el reflejo del sol, me miré las yemas de los dedos y aún podía sentir lo hermoso que fue recorrer su cuerpo con ellas entonces, me percaté y tenía los labios rojizos y una sonrisa dibujada, una curva aún mas perfecta que su cintura. Y me volví a enamorar con miedo a perder aquel momento que había sido perfecto y maravilloso y que me hizo sentir viva, entonces tuve ganas de que todas las mañanas sean así, de quedarme mirando el cielo para luego cambiar la dirección y encontrarme con ella en mi cama con las sábanas revoltosas, con esa sonrisa tímida inconsciente, con el cuerpo descubierto, con el pelo enmarañado..
 Para cuando pude darme cuenta sus ojos somnolientos se chocaron con los míos y entendí que era hora de bajar a tierra otra vez.

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