Era como que si nunca nadie hubiese entrado ahí, era como un lugar abandonado hacía siglos. Empecé a caminar y la madera del suelo crijía tanto que tuve miedo de despertar a aquellas sombras. Crucé la entrada principal lo mas lento y silencioso posible y cuando me asomé la siguiente habitación solo encontré una escalera, una escalera tan larga y tan grande que parecía llevarte a las puertas del cielo si no fuese porque una capa de polvo cubría los escalones, me asomé al borde del primero e intenté agudizar la vista y ver mas allá del último escalón que veía pero era imposible, no tenía fin, o al menos de donde estaba no podía verlo. Miré hacia los lados y no había nada mas así que decidí empezar a subir.
Cada escalón era una emoción, el primero me generó ardor en alguna parte interna del cuerpo que aún no pude desifrar cual era, [...] el quinto me congeló el alma, [...] el décimo primero hizo que un escalofrío me recorriese el cuerpo y sentí unas ganas inmensas de correr hacia arriba, sin parar, correr, [...] el vigésimoprimero hizo que casi perdiera la compostura, me genero incomodidad, insatifacción, ganas de correr escaleras abajo, pero levanté la vista y pude ver el final, conté los escalones y quedaban seis, solamente seis escalones y una puerta de tamaño considerable con el pomo extremadamente grande y salía luz de debajo de ella, y de sus lados, y de la parte de arriba, al último escalón que vendría siendo el número 27, me paré en seco, nunca jamás en mi vida había sentido tanto miedo y tanta intriga como esa vez, empecé a llorar casi sin dame cuenta, algo me dolía, sentía el cuerpo agotado, estaba totalmente paralizada, ¿Que había ahí dentro?
Quise girar el pomo de la puerta pero estaba ardiendo y de repente escuché un grito lleno de rabia que provenía de esa habitación, luego llantos pero no podía moverme. Cerré los ojos, giré el pomo y noté que al abrir la puerta había sangre debajo de ella me miré las manos y solo estaba quemada. El nudo en la garganta me ahogó, me di cuenta que había vuelto a cerrar los ojos y al dar la primera bocanada de aire escuché que alguien ahí dentro lloraba y luego empezó a gritar y sentí golpes como que si alguien se estuviese, no se, pegando a si mismo entonces levanté la cabeza y ahogué un grito.
La habitación era un agujero gigante con una piedra en alto en el medio, las paredes eran espejos gigantes, miré hacia el fondo y no vi nada, solo ocuridad, era el vacío no hay otra explicación.
En el medio había una chica gritando, con las muñecas, las piernas, los brazos, la tripa, la cara todo cortado como con una gillett, gritaba y lloraba y levantaba la vista y miraba los espejos y volvía a gritar y caminaba desesperada, asomaba la cabeza hacia aquel vacío como intentando decidir si tirarse o no, tenía la respiración agitada y no dejaba de tirar pequeñas piedras hacia los espejos pero estos no se rompían, no se rajaban, no hacían nada mas que seguir reflejandola.
Grité para que me escuchara, le dije que era estúpido lo que hacía que si quería ayuda, que vería la forma de sacarla de ahí pero que se tranquilizara que encontraríamos una solución, pero no encontraba respuesta, entonces me callé y la empecé a observar. Tenía la misma forma de mis piernas, el mismo color de pelo, las manos le temblaban igual que a mi cuando me ponía nerviosa, se movía inquita al igual que yo, tenía puesta mi sudadera favorita y unos pantalones que me gustaba como me quedaban, y lo peor es que le quedaban igual que a mi, entonces, pregunté que quien era pero no me motró su rostro, empezó a reír y a llorar a la vez qu gritaba y se tapaba la cara. Cada vez que se acercaba al borde me subía la temperatura del cuerpo, el corazón palpitaba mas rápido y sentía desesperación, empezó a jugar con eso y le grité que parara pero no lo hacía, no se dentenía y se me ocurrió gritarle silenciosamente, como decirlo, con la mente, como por telepatía y entonces empezó a dejar de hacerlo, comencé a preguntarle lo mismo que antes de esa manera pero no obtenía respuesta y le pedí que se diese la vuelta, que se quitara las manos de la cara y ... nunca me había sentido tan perdida.
Tenía los ojos llenos de lágrimas, la mirada dura pero llena de angustia y lo peor de todo es que, era yo y ese sitio era mi subconsciente, ese lugar era todo lo que soy, era todo lo que hago, todo lo que siento, ese lugar era mi mente, la sala de tortura, las escaleras me habían llevado a mi peor pesadilla, a mi misma, a enfrentarme conmigo ...
- Cuando desperté tenía un sudor frío en la frente y en la nuca, estaba enrrollada en la cama atrapada entre las mantas, tapandome la cara con las manos, las rodillas casi en la barbilla, temblaba, sollozaba y, estaba sola ..
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