Tenía la lluvia de frente, empapandome la cara, manchando de gotas los cristales de los lentes, golpeandome la pìel, limpiando cada pena, fracaso y descontento.
Era fría y fina, pequeña y delicada, era perfección y desorden.
Era para mi en ese momento.
Cerré los ojos y seguí ese sabio consejo "déjate llevar", y, cuanto tiempo, cuanto tiempo por dios! había pasado de no sentirme libre, limpia y pura. Sonreí y dejé que cada gota me besara los labios, totalmente entregada a ella, soñando con tenerla siempre, dejando que cada pequeña gota fría limpiara todas esas frases horribles que salieron por mi boca. Y sí, admitiré que alguna lágrima salada se mezclo entre tanta perfección, pero era felicidad, era libertad, pureza, juro que esas lágrimas eran yo misma y me amé, me admiré, me sentí tan yo misma, sin reprimirme, sin reglas, solo yo, emociones,sentimientos, yo.
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