La pérdida tiene algo peculiar; te deja debastado y a su vez te hace mas fuerte.
Te deja preso de una necesidad a la cual, no estas acostumbrado, pero, te hace entender muchas cuestiones.
Muchas veces sientes que no puedes seguir, pero al momento siguiente, tienes esa necesidad de levantarte, porque si puedes, puedes por eso que has perdido, en honor a ello.
Sonríes al amanecer y lloras al atardecer y siendo tan duro, aguantas, por eso que has pedido, en honor a ello.
La despedida, también, tiene algo peculiar; te obliga a separarte de aquello que estas perdiendo pero, a su vez, te obliga a seguir por ese camino.
Si imaginamos "el camino" como una calle estrecha, recta, en el medio de la nada, sin nada al lado, solo piedras en el suelo, cada pérdida es una de esas piedras y cada despedida, cien metros alejandote de ellas.
Y sin embargo, no siempre es así. Siempre me imaginé con una bolsita, del material que sea, pero una bolsita en la que las piedras por las que siento afecto, esas piedras que me simplemente se cruzaron entre mis pies, van al interior de la bolsita, de esa bolsita que puede ser del material que sea, así como puede ser imaginaria.
Puede que cuando la bolsita se este llenando, haya que sacar a algunas de esas piedras, piedras que ya no te generan lo mismo y si, muchas veces es duro, pero necesario, porque si no lo haces, te estas impidiendo conocer otras piedras mas adelante, es como ellas, ocupan un espacio en la bolsita que ya no se merecen.
Quizá mi razonamiento no es del todo lógico, pero cierra los ojos, piensa en las veces que abriste esa bolsita tanto para meter o para sacar algunas piedras, dime si acaso, no mereció la pena.
Puede que la pérdida sea dura, pero sigues caminando.
Puede que odies las despedidas, pero sigues sonriendo.
Entonces, ¿merece la pena?
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