Admiraba su dulzura, su paciencia,
me enamoraba lo despistada que era, su poca memoria,
su inocencia, su ternura,
todo el amor que desprendía con sólo hablar,
a calma de su voz...
Siento que no tenerla es la muerte en vida,
siento mi ser completamente vacío,
ya no queda nada por lo que luchar o seguir,
todo quedó hecho cenizas,
no hay recuerdos, ni olvido, ni amor,
no hay nada.
jueves, 9 de octubre de 2014
lunes, 6 de octubre de 2014
Siento vacío, vacío en mi,
un dolor punzante en el pecho no me deja respirar,
me ahoga,
cuanto necesito de sus caricias, si solo pudiese volverla a tener una vez más,
es tan tarde,
se dio la vuelta, tenia la mirada tan fría,
cerró la puerta en mis narices,
su perfume desvanecidose en la entrada,
es tanto el dolor, tan largo el proceso del olvido,
tan difícil dejar se soñar con ella todas las noches.
un dolor punzante en el pecho no me deja respirar,
me ahoga,
cuanto necesito de sus caricias, si solo pudiese volverla a tener una vez más,
es tan tarde,
se dio la vuelta, tenia la mirada tan fría,
cerró la puerta en mis narices,
su perfume desvanecidose en la entrada,
es tanto el dolor, tan largo el proceso del olvido,
tan difícil dejar se soñar con ella todas las noches.
domingo, 5 de octubre de 2014
miércoles, 1 de octubre de 2014
Y siento que quizá ya no tenga que sentir,
congelar mi corazón, dejarlo morir,
ser presa de la razón,
olvidar el amor, dejarla ir.
¿Cuanto dolor puede soportar el corazón?
Lo escucho sollozar, casi escondido, avergonzado,
dolido, rechazado,
espantado, tan lastimado.
Sentí mi alma vibrar, nada era así porque si
aquella noche después del cigarrillo,
sumida en mi locura,
me dispuse al amarla con tanta pasión y desenfreno,
todavía siento su sexo en mi sexo.
Y sonreía y no había cosa más hermosa,
sus manos pequeñas entrelazadas con las mías,
¡Cuanto amor me daba!
Y ahora, ahogada en su olvido,
me pregunto,
¿En que momento deje de ser su vida?
congelar mi corazón, dejarlo morir,
ser presa de la razón,
olvidar el amor, dejarla ir.
¿Cuanto dolor puede soportar el corazón?
Lo escucho sollozar, casi escondido, avergonzado,
dolido, rechazado,
espantado, tan lastimado.
Sentí mi alma vibrar, nada era así porque si
aquella noche después del cigarrillo,
sumida en mi locura,
me dispuse al amarla con tanta pasión y desenfreno,
todavía siento su sexo en mi sexo.
Y sonreía y no había cosa más hermosa,
sus manos pequeñas entrelazadas con las mías,
¡Cuanto amor me daba!
Y ahora, ahogada en su olvido,
me pregunto,
¿En que momento deje de ser su vida?
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